No le ofreció la luna, le dijo - "quédate conmigo, no hay fortuna que valga el corazón que te daré"... Ella dudó un momento y luego contestó que sí "pero sin juramentos que no vas a saber después cumplir... Y si de verdad me amas no habrá casorio ¿para qué? con dos en una cama sobran testigos, cura y juez... Y viviremos lejos del tráfico y la polución, mejor llegar a viejos a la sombra de algún sauce llorón"... Le regaló un anillo de quita y pon, que unen sin atar, y levantó un castillo de arena fina junto al mar.
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